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El azar y el pan fanatismo: una explicación del porque de la existencia de los chavistas recalcitrantes

La psiquis humana es un misterio. Estudiosos de todas las épocas han tratado de hurgar en el fabuloso enigma de la razón humana y sus impredecibles reacciones, sin éxito alguno. Pero ese misterio se hace aún mayor, cuando se consideran los fenómenos que ocurren en el momento que esa razón se junta a vivir en sociedad.

Hechos incontrovertibles, tales como la volatilidad de las masas, han dado origen a todo tipo de inestabilidades en la convivencia de las sociedades, aún desde aquella lejana caverna, que mitológicamente llevamos en nuestras cabezas, acerca de nuestros inicios como especie. Estas volatilidades fueron advertidas muy temprano, por ejemplo, entre los protagonistas de las guerras libertarias en Norteamérica, quienes en la estructuración del experimento que se aprestaban a realizar, previeron de manera sabia, la organización de pesos y contrapesos con el ideal de balancear este perturbador fenómeno y utilizarlo más bien como el motor que insuflará con energía a la sociedad.

Ahora bien, la experiencia histórica nos ha mostrado que esa volatilidad puede dar origen a algo perverso y de desastrosas consecuencias. Ese ‘algo’ es el caudillismo, o el surgimiento de un líder carismático, quien, según sus fervientes seguidores, es el único ‘ungido’ para llevar adelante cambios significativos en la sociedad. Por supuesto que quienes se le oponen, opinan que más que cambios de cualquier índole sobre la sociedad, dichos líderes solo persiguen el poder por el poder y sus acciones serán siempre tendientes a conservarlo, la mayor parte del tiempo aún a costa del bien común.

El objeto de este escrito es mirar un poco detrás de la psicología del fanático o masa de fanáticos que apoyan y sostienen de alguna manera al líder carismático. Entre las características observables en dichos individuos, se encuentra una lealtad que puede ser tildada de extrahumana, en el sentido de que justificaran la criminalidad manifiesta de su líder y de quienes le apoyan, y aún en el caso extremo de que sean devorados por el monstruo, pedirán la muerte primero, antes que traicionar su pertenencia al grupo al cual parecieran aferrarse, como única razón de su existencia.

El trazo de una explicación para todos estos comportamientos aparentemente irracionales, quizás se encuentre a la luz de los estudios sobre el azar. En el juego presentado por primera vez por Martín Shubik, se subasta un billete de un dólar. Se abre la subasta con una puja mínima de un centavo. Como en toda subasta, la persona que ofrezca ese mínimo se queda con el dólar, siempre que, nadie ofrezca más. La variación de este juego con respecto a una subasta normal, se encuentra en la regla especial que reza que a el subastador debe pagarle, no solo quien pose la oferta más alta, sino también la persona cuya puja estuviera inmediatamente debajo de esta. El que ofreció más, pagará y se quedará con el dólar, mientras que quien llegue segundo, pagará lo que aposto, pero sin recibir nada a cambio.

Es así como, en diversos experimentos psicológicos, se ha demostrado que no solo este tipo de juegos existen en la vida real, sino que son más comunes de lo que nos gustaría pensar. Se sabe de casos de pujas violentas entre los asistentes a este tipo de subastas, así como también el hecho de que un dólar ha llegado a ser adquirido por la fantástica suma de 5 dólares, y el segundo lugar ha pagado hasta 4,99 dólares, antes de que retorne la cordura entre los concursantes.

Cuando intentamos hacer llevar el símil del juego de la subasta del dólar a la feligresía del movimiento chavista, podemos, todos aquellos quienes hemos vivido la experiencia de la intolerancia recibida por uno de estos fanáticos, entender el porque y a pesar de que las pruebas nos parecen completamente irrefutables, como lo son el deterioro alarmante de la infraestructura, la corrupción galopante desde el Presidente de la Republica para abajo, el desastre económico y la perdida de nuestra valiosa democracia, para ser sustituida por un oscuro sistema cuyos fines e intenciones son indecibles, estos ejemplares humanos no se desmandan en su convicción de que ‘su comandante’, es el adalid de la justicia y la paz social. Mientras más nos empeñamos en demostrarles con hechos su error, más alejados se encuentran ellos de admitir los hechos, que por reales y corrientes, nos llevan a nosotros casi a la perdida del quicio cuando enfrentamos al chavista, quien nos parece completamente desconectado y perdido en un limbo sin salida.

Pero, no solo es en nuestra circunstancia presente cuando observamos este comportamiento irracional. Regimenes tristemente celebres, como los de Hitler y Stalin son predecesores de las actitudes y locuras aquí expuestas.

Parece, según los resultados del juego de la subasta del dólar, que en la psiquis humana estuviera impresa, neurona por neurona, la noción de que si no podemos llegar de primeros en una puja, llegar segundos es aún peor e inaceptable. Preferimos la destrucción a desdecirnos de nuestras convicciones, por más erradas y desastrosas que estas sean. Hace falta un grado muy alto de racionalidad, o lo que se conoce como sentido común, para hacerse inmune a las locuras del providencialismo mesiánico de un líder carismático.