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¡Chávez!, ¡arrepentíos, que el fin esta cerca!

Foto: captura de la pantalla del televisor

Foto: captura de la pantalla del televisor

Mucha gente puede pensar que en Venezuela, con su descomunal entrada petrolera, es difícil que ocurran cambios dramáticos en la situación que paradójicamente vivimos. Los precios más altos del bien del cual depende el país para su mínimo y elemental funcionamiento, representan un signo de escasez y de pobreza para quienes vimos la luz en estas tierras, pero marcan el enriquecimiento súbito y vulgar para unos pocos en el país y el continente.

Observando las últimas actuaciones de la administración de Chávez, nuestra capacidad de asombro es rebasada de forma muy abrupta. Dos hechos en particular dejan huella de lo mal que anda Chávez. Y es que resistir los embates de golpe tras golpe, derrota tras derrota, torpeza tras torpeza, hace mella hasta en el más de los popularmente afincados dirigentes de masas (Chávez solía estar en esas filas).

El primero, la declaración impensable de “un dialogo respetuoso con los EE.UU.”. Quien iba a creer que este señor daría este giro y cedería en sus convicciones, algo muy grande debe tener en su contra que le hace recular así nada más. Por supuesto, su nueva piel de oveja, esta raída en las comisuras, afectado su semblante, hace uso de los últimos malabares que le quedan, y ni los miles de millones del erario publico que maneja como propios, le hacen parecer que vuelve a la pelea.

El segundo hecho tiene que ver con sus actuaciones internas. Nunca antes los venezolanos habíamos asistido a espectáculo más bochornoso, de los miles que nos ha ofrecido el Sr. Chávez a lo largo de su malhadada administración. Nunca antes había sido tan palpable la forma como utiliza la demagogia y la retórica, de cómo mueve el aparato del estado con el fin único de sostener su endeble figura publica.

Nos imaginamos que cuando regresa a su camerino, cual payaso frustrado de circo, regurgita su amargura hacia sus colaboradores y cuando de vez en cuando se mira en el espejo, para retocarse el maquillaje de líder carismático, se mira a sus ojos, como nos toca a todos tarde o temprano, y rememora sus días juveniles, con juramentos histriónicos frente al árbol reliquia nacional, ¡Oh! que momentos, ¡tan llenos de ideales!, ¡tan limpios si se quiere!, todo, todo…se reprocha, para terminar jugando este triste papel de pordiosero político.

El mundo se le viene encima, tal y como históricamente se la ha venido encima a todo hombre, quien torciendo la voluntad popular, y empalagado con las mieles del poder, esas que son dulces al principio pero muy amargas al final, deja rienda suelta a sus más baja pasiones y se deja guiar por truhanes, quienes seguramente no le acompañaran a su final, cualquiera que este sea.

El fin de esta administración esta cerca, será sellado con una avalancha de votos, votos con los cuales, una mayoría de venezolanos, les haremos saber, que los tiempos han cambiado.

Chávez, cumple primero con los gallineros verticales, antes de andar ofreciendo ferrocarriles por ahí.

El gobierno del Sr. Chávez es un gobierno altamente efectivo colocando piedras fundacionales, leyendo y rayando sobre mapas y lanzado al voleo promesas de futuro.

En la reunión que este ultimo, forzadamente tuvo que desarrollar con Álvaro Uribe de Colombia (quien por cierto y tristemente para Venezuela es ahora quien impone la agenda bilateral), Chávez vuelve de nuevo con su demagogia y sus mentiras. Después de diez años de gobierno y enfrentando las cifras menguadas de su gestión, el individuo nos ratifica que “loro viejo no aprende a hablar”.

Es en realidad triste observar los resultados de una reunión, en donde vemos a una Venezuela, que muy a nuestro pesar, esta representada por pillos de baja ralea; debe complacer las prioridades de un vecino que, por ser dirigido de manera civilizada y democrática, lleva la batuta en las históricamente tirantes relaciones entre los dos.

No se cumplieron las expectativas, al menos las que nos habíamos hecho, sobre rectificación pública por parte del Sr. Chávez. Y si, nos apena escuchar unas decadentes promesas para salir del paso. Continúa el drama.

Chávez: “me rindo Bush (por ahora—y si no se muere antes Castro, ya vere lo que hago)”

Cuando éramos niños mis hermanos y yo, es decir más niños que ahora, solíamos pelear mucho, en medio de nuestros juegos infantiles. Mi hermano menor, quien naturalmente era el más débil del grupo (hoy día es un manganzón de peso mayor a 100 kilos) solía llevar la peor parte y su actitud casi siempre era conciliadora y alineada con el poder dominante. Pero he aquí, que por mor de las intervenciones paternas, de vez en cuando, y en razón de su aparente debilidad, “el chiquitico” adquiría cierto poder, poder que muchas veces usó abusiva y arbitrariamente, mientras le duraba la protección paterna; solo para caer en la mayor de las bajezas, implorando piedad, una vez que nos quedábamos solos de nuevo en nuestros juegos.

Afortunadamente, los años han pasado y es justo decir que mi hermano menor es hoy un hombre de paz, apacible y afable entre sus libros que tanto ama.

El cuento viene a colación como comparación con la actitud díscola de Chávez. Durante un buen tiempo, el presidente, actúo, quizás amparado en una “petrochequera” sin control (ya tendrá que dar cuenta de sus actos ante la justicia más temprano que tarde) que le hizo sentir omnipotente. Es así como emprendió una diplomacia de micrófono, despotricando en contra de cuanta persona razonable le llevase la contraria en su pretendido proyecto hegemónico para la América Hispana toda.

Ahora parece que dando muestras de un pragmatismo rayano con el cínico calculo político de quien se sabe acorralado, busca líneas de comunicación con quienes hace apenas unas pocas semanas pavoneaba la más frontal de las agresiones e insultos.

Pero aunque no lo crean, ese hecho no es lo importante. Lo realmente importante es la reacción de los ciudadanos venezolanos. ¿Perdonaremos u olvidaremos lo que solo pocos días atrás hería nuestros oídos y buen juicio? ¿De verdad creeremos en su intención de enmienda? ¿Como actuar frente a un proceso que ya parece repetitivo?

Que si porque esta rodeado de ineptos, que si porque su proyecto no es viable, que si porque lo ha conducido el mismo con torpeza épica, que si porque hay hechos criminales concomitantes que le obligan a hacer y decir lo que sea con tal de salvar el pellejo.

Sea lo que sea, lo mínimo que los venezolanos pensamos ahora, es que este señor ya hizo suficiente daño y es hora, que de forma firme y democrática, para decirlo coloquialmente, le demos un parao.