¿Por qué no soy chavista?

Es común que cuando alguien quiere definirse, atienda a las razones que mejor explican su concepción del mundo, de acuerdo y como su mente así las dictamina. Menos común pero no infrecuente, importa definirse delimitando lo que no se es.

Nací en un hogar, el cual prefiero no definir en los usuales términos sociológicos, sino definir como una célula bien estructurada de la sociedad. Como célula bien estructurada, me refiero a la existencia de un cabeza de familia, una madre, unos hermanos y unos parientes que brindaban apoyo y afecto. Mi educación siguió la senda que una Venezuela en crecimiento democrático ofrecía, una democracia llena de muchas injusticias y des-balances, pero fuerte lo suficiente para servir de fuente inspiradora. Y es que las instituciones funcionaban, en medio de precariedades y contradicciones propias de un país en vías de desarrollo, pero mal que bien el mismo trataba de adaptarse. Lo más importante, y eso solo lo sabemos hoy, nuestra democracia era un organismo en evolución, lenta, pero segura. Por ejemplo, disfruté de una educación primaria publica de una calidad sobresaliente, para muestra, debido a los experimentos educacionales de la época, fui privilegiado con una educación matemática, con lo que llamaron las matemáticas modernas, a muy temprana edad. Lo interesante, es que mi caso era solo uno entre los cientos de miles de niños que recibían la misma, en las escuelas públicas de la nación venezolana.

Esto probaría ser de mucho valor más tarde en mi vida, cuando me tocó enfrentarme a retos de crecimiento intelectual allende los mares. No seguí la educación secundaria por la ruta publica, tuve la fortuna de seguir en un colegio católico, lo cual es de sorprender debido a mis orígenes hebreos; solo una indicación de que la libertad religiosa era un bien del que disfrutábamos todos los venezolanos, sin distingo. Mi educación universitaria transitó entre la institución privada y la institución pública, y debo decir que en ambos casos la calidad, aún cuando pudo ser mucho mejor, gozaba de cierto nivel decente que permitía llenar los vacíos con el esfuerzo personal, el tesón y la dedicación disciplinada.

Cuando salí al mundo profesional, el mismo me puso en contacto con la industria petrolera nacional, el nivel profesional de la misma no tenia absolutamente nada que envidiar al de ninguna parte del mundo. Tuve el privilegio de trabajar para la vieja PDVSA, aquella que sin ser perfecta, permitía avanzar en la misma, al menos hasta cierto nivel, por mérito propio y de acuerdo al potencial que cada quien exhibiera. Nos sentíamos orgullosos de representar al país y era un premio contribuir con nuestros esfuerzos al engrandecimiento de la segunda multinacional del petroleo en el planeta.

Aparte de estas particularidades de carácter autobiográficas, existen matices que por formación, medio ambiente y sobre todo conciencia democrática me inclinan más al dialogo que al enfrentamiento violento. Si de enfrentamiento se trata, prefiero, una buena discusión con argumentos que puedan construirse y rebatirse, con una conclusión que sea de beneficio para ambas partes. Aborrezco y abjuro del principio de autoridad, y prefiero usar la crítica y el método científico para dilucidar la verdad, de la cual sé que solo poseo una fracción, un pequeño pedazo que me veo obligado a compaginar con el de mis conciudadanos para juntos ir construyendo la visión correcta del mundo.

No soy chavista, porque nunca resentí el éxito de los demás, sino que lucho día a día por superar la envidia natural del ser humano, para comprender que igualdad no es ser ni tener todos lo mismo, mas tener todos las mismas oportunidades para desarrollar nuestro potencial, y complementar con mi excelencia a los demás en lo que ellos son excelentes. Es decir, no construí una visión piramidal, en donde existiesen clases o niveles a ser alcanzados, sino que aprendí que el mundo es mas bien un gran circulo, con todos los seres humanos ubicados en el mismo plano, pero jugando cada quien un rol distinto, de acuerdo a las preferencias personales, y al trabajo que cada quien ponga para lograr sus metas. Soy idealista, pero no ingenuo, y por supuesto siempre percibí que existían grandes injusticias y des-balances en nuestro sistema democrático, des-balances e injusticias que se basaban en el egoísmo y ansia de posesión de riquezas materiales a las que no se tenia derecho, únicamente por ser riquezas que pertenecian al estado y debieron ser utilizadas para crear riqueza para todos. Esto último probó ser el cáncer, la debilidad mediante la cual, los enemigos de la democracia se infiltrarían y convencerían a una masa alocada y descocada, que a fuerza de costumbre y si por una dosis enorme de ingenuidad política, se ilusionó con el caudillo providencial proveniente de las filas de las Fuerza Armadas, institución que creíamos garante fiel de los valores sacrosantos de la patria republicana.

No soy chavista, porque no creo en la violencia como arma para imponer mi razón y mi educación me aportó el coraje suficiente para enfrentar la injusticia con principios democráticos, el respeto al adversario y la visión más allá de los intereses propios o de grupo. Como contrapartida a la posición pacifica, es evidente que nos encontramos en el presente bajo un ataque cuidadosamente planificado por individuos que no tienen otro fin sino el de tomar el poder para atornillarse en el per secula. El lado oscuro de la naturaleza humana, lo que conocemos como El Mal, pretende desterrar de nuestras tierras a la justicia, la democracia y principalmente la libertad. Ante esta realidad, el coraje nos impulsa a resistir por todos los medios legalmente disponibles y estar dispuestos a detener al Mal, aún si en eso se nos va la vida.

No soy chavista, porque no tengo miedo, tan solo el miedo a causar daño al prójimo o el miedo a ser injusto y perder la compasión que felizmente porto en mi corazón. La ausencia de miedo me obliga a hablar en donde otros callan, curar en donde otros dañan y ver a todo hombre, mujer o niño como mi hermano.

Se podría concluir, que la principal razón por la que no comulgo con quienes hoy detentan un poder abusivo, amoral y corrupto, destructor de nuestra patria republicana, se sintetiza en la siguiente frase:

Pienso, luego (no soy chavista) existo.

Quiero dejar este plano tal y como lo hizo Goethe: pidiendo más luz

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3 Responses to “¿Por qué no soy chavista?”


  1. 1 Arcangel Vulcano May 17, 2009 at 5:21 pm

    Hermano, suscribo íntegramente tu extraordinario escrito, con el cual me siento absolutamente identificado.

    Un abrazo.

  2. 2 Don Alejo Corazón May 19, 2009 at 7:18 pm

    Respetado y estimado amigo Judío Errante, me complace informarte que le hemos transferido a tu Blog, “El Premio Blog Amigo”, por favor pasa a visitarnos a enterarte de los detalles, son únicamente cinco Blogs los seleccionado.

    Saludos.

  3. 3 Jorge November 9, 2009 at 6:26 pm

    Buen punto de vista, ahora le invito a que dialecticamente examine un poco el pensamiento político de Platon en “La Republica” y se entere sobre la demagogia de nuestros gobernates y lo otro es que examine el punto de vista psicologico del hombre, por ejemplo libros de sigmund Freud, Erich Fromm y analice muy bien el narcisismo del hombre y porque no se deberia dar libertad al hombre (thanatos).
    Termino diciendole que me parece que usted es una persona muy inteligente y por ende merece estar al acceso del conocimiento.


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