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La destrucción del orden democrático venezolano: la venganza de Castro (I)

Foto: Fidel Castro. Fuente:http://vivirlatino.com/i/2008/12/fidel_castro.JPG

Foto: Fidel Castro. Fuente:http://vivirlatino.com

La historia registra que durante la entrevista de Castro con Rómulo Betancourt, el 29 de enero de 1959, en ocasión de la visita del primero a Venezuela, el experimentado líder democrático venezolano de manera cortés pero firme, negase ayudar con dinero o petróleo, al naciente proyecto de Castro para la isla, y quizás para Hispano-américa. Este desplante no se quedaría allí, pues solo pocos meses después del mismo, Castro invadió a Venezuela con tropas cubanas para que con la guerrilla venezolana conquistaran la de riqueza nuestro país petrolero (Tarre Murzi, Zeta Nº 1660-30-05-08).

La figura de Castro, ha sido siempre un enigma para mí, por sus innegables virtudes de liderazgo, sus primeros pasos en la Universidad de La Habana, financiado nada más y nada menos que por Perón (primer signo quizás de esa neutralidad ideológica necesaria para ejercer el poder opresor); de Perón nos golpea, entre otras cosas, su conocida inclinación nazi, materializada en la protección que antes y después de la guerra brindó a varios famosos criminales alemanes.

En cuanto a Castro, su posterior pertenencia a los círculos terroristas en la universidad, así como su históricamente reconocida afición pistoleril. Quizás porque yo viví en carne propia el bandolerismo universitario, en el sentido de que resistí cívicamente esa forma ruin de hacer política, no me impresionó para nada, la tan cacareada victoria guerrillera de los barbudos en la Sierra Maestra de Cuba (victoria que no hubiese sido tal, sin la colaboración del mismo ejercito), episodio romántico vendido hasta la saciedad, que ha seducido a más de un desprevenido liceísta-universitario (a quienes vi siempre, mas bien, como bobalicones de ínfula intelectual) venezolano. Liceísta que de paso, era beneficiario directo de los productos (nunca perfectos) de la república democrática que tanta sangre nos costó.

Ahora bien, ese Castro, carismático y magnético para muchos, es el mismo quien de modo muy pragmático, exhibió siempre un solo deseo: la permanencia eterna en el poder. Eso si, siempre supo disfrazar sus verdaderas intenciones, con la retórica dirigida a las masas depauperadas e ignorantes, recubierta con el barniz de odio hacia lo que ellos bautizaron como el imperio norteamericano, para referirse a la potencia de los Estados Unidos de América, por cierto, el experimento democrático de mas larga data en el mundo.

Es así como tenemos un móvil para la conducta de Castro para con Venezuela, mejor dicho, varios: Deseo enfermizo, quizás producto de una forma de psicopatía, de poder absoluto y eterno, ego herido por el desprecio de Betancourt, quien a los ojos del joven Castro pudo ser tildado entonces de traidor a la causa, mero pragmatismo político dirigido hacia la consecución de un objetivo de poder. Cualesquiera haya sido la causa o la combinación de ellas, el resultado ha sido la guerra eterna que el barbudo dictador ha mantenido con Venezuela, o mejor dicho, con la representación de la república democrática en el país.

Por debilidades estructurales en la conformación de la democracia venezolana, y honestamente tenemos que decirlo, a la deficiencias de quienes tenían el deber de continuar con el legado de Betancourt, fuimos conducidos como ovejas al matadero y engañados como nación, para abrir un resquicio a las intenciones bastardas de una internacional (que yo llamo del odio) la cual no dudó ni un instante para tomar la oportunidad histórica que se le ofrecía, por ignorancia y por canallada a la vez.

Asistimos a la ejecución de un plan continental (esto no es nuevo) que debe combatirse en Venezuela, pero que no podemos combatir solos. Sin la ayuda de los regímenes democráticos de Hispano-américa estamos condenados (todos) a perecer y caer victimas de un monstruo poseedor de ingentes recursos petroleros.

Colombia, o la Nueva Granada, es la cara democrática de América hoy en día. La Caracas que una vez ejemplo dio, rumia su impotencia, controladas sus plazas por hordas armadas con fusiles de procedencia rusa y poblados sus lujosos hoteles con carroñeros chinos, iranios, argentinos, españoles, vietnamitas y de balcánicos orígenes. Caracas es hoy, el escenario perfecto para una novela de espionaje, que mezcle todos los elementos de un drama histórico con la decadencia de la dictadura más férrea del siglo XX.

Los estudiantes hacen lo que pueden pero no saben, quien o quienes son los traidores en las filas de la oposición. Las cada vez más torpes maniobras, viniendo de políticos que se supone avezados, dejan mucho que pensar. Por momentos, la situación se torna desesperada, pues parecemos carneros esperando ser degollados. Ciertos de nuestro destino, pero incapaces de actuar efectivamente en contra de nuestros carniceros.

Castro, encontró en un individuo con rasgos demenciales, el títere perfecto para llevar a cabo sus planes, pasmados lo sabemos hoy, desde 1959, cuando en aquella mañana fresca caraqueña, el guatireño le espeto: …no hay campanas.

Fuentes bibliográficas:

Revista Zeta Nº 1660-30-05-08.



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