Es casi proverbial el dicho que plantea la inexistencia del crimen perfecto. Apenas el día de ayer, se supo que las autoridades estadounidenses congelaron las cuentas de 49 casas de bolsa venezolanas que actuaban en el mercado llamado de permuta nacional. El origen del mercado de permuta esta en el longevo control cambiario impuesto en Venezuela por el ahora régimen dictatorial. Al parecer, las autoridades norteamericanas, venían haciéndole seguimiento a una o varias de las cuentas que funcionaban debajo de una cuenta “paraguas”. La consecuencia inmediata es la paralización del mercado de permuta. Hasta allí la información fáctica, pero ahondemos, además de lo grave de que cuentas basadas en Venezuela estén investigadas por la DEA, también salió a la superficie la información según la cual, la mismísima PDVSA estaría interactuando ilegalmente en dicho mercado. Esto no es ninguna sorpresa entre paréntesis.
Ahora bien, al parecer este nuevo escándalo no es más que la punta del iceberg de una situación tremendamente grave. Las condiciones éticas y morales del país, resquebrajadas y demolidas por un régimen oprobioso en lo moral, han afectado y afectan a todos y cada uno de los venezolanos. Hoy le toco a una estamento que pensaba que lo que ocurría a su alrededor, i.e. el amargo régimen dictatorial, no les afectaba en lo más mínimo. Dicho estamento implica a los venezolanos quienes son parte de la estructura financiera del país. “Yuppies”, “chicos iesa”, “chicago boys”, profesionales, emprendedores, la mayoría formado bajo la égida de la paz social que brindaba la democracia, la misma que se criticaba ácidamente entre trago y trago de fino escocés, viviendo y disfrutando de la abundancia que esa misma democracia les proveyó.
No nos llamemos a engaño, en este nuevo escándalo cayó media Venezuela, y las probabilidades son altísimas de que esa mitad corresponda en un gran porcentaje al tolete que se opone rabiosamente al régimen dictatorial (se da por descontado que las elites chavistas están embarradas hasta la rabadapatilla), !oh paradoja de paradojas!, mismo tolete que entiende de alguna forma que la democracia es el camino, pero que culturalmente está más preparado para “convivir” con un régimen absolutista, por más demoniaco que este sea, que convertirse en la pared moral del dictador abusivo.
Creámoslo o no, junto a una oposición política secuestrada por lideres más preocupados por posicionarse como los sucesores del régimen, ganancias pecuniarias aparte, que por ejercer presión para recuperar el estado de derecho y recuperar la independencia y equilibrio entre poderes propios de las repúblicas democráticas, el estamento al que nos referimos ha constituido el exoesqueleto sobre el cual se basa el régimen dictatorial que nos oprime desde hace ya largos diez anos.
Como es natural, tendremos que esperar las informaciones que vayan apareciendo como resultado de la investigación de las autoridades norteamericanas. Es notable que el escándalo no explotara por mor de las diligencias de los poderes encargados de la contraloría en el país, sino por la investigación foránea del país que no por casualidad es blanco del furor verbal del dictador venezolano. Los acontecimientos irán diciendo si de alguna forma los medios de comunicación que los venezolanos utilizamos como fuente de información diaria, acaso no sean también victimas pasivas o activas del enorme escándalo, porque al igual que con el Stamford Bank, no sabemos si el vecino, el comerciante y hasta la abuelita amable que conseguimos en nuestro paseo matinal por el malecón, hayan caído sea por ingenuidad o ambición torpe, una vez más víctimas de la locura que se hizo regla en el país.
Vivimos tiempos en los que las palabras de aquel místico rabí judío, al defender a la meretriz de la hipocresía farisaica, resuenan más actuales que nunca: “aquel libre de pecado, arroje la primera piedra”.



